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La mujer que despreció al Indio Fernández vivió eternamente a los pies del actor

Mujer de la época de los 40, con pelo corto, ondulado, vestido vaporoso y acinturado. Hombre mexicano con bigote, cortbatín y facciones rudas
Getty Images

Emilio Fernández, mejor conocido como “El Indio Fernández”, fue un reconocido director, actor y productor de cine de la época de oro del cine mexicano, galardonado con la Palma de oro en el Festival de Cannes.

 

Poseía un temperamento único: nadie lo podía contradecir porque en ese momento sacaba la pistola y lo mataba, o por lo menos, les metía un buen susto.

 

El Indio es reconocido intrnacionalmente por sus proyectos en México y Estados Unidos de Norteamérica, entre ellos: Janitzio, Celos, Sierra prohibida y Allá en el rancho grande, entre muchas otras. Participó en un total de 129 películas.

En 1928 y convencido por su amiga de toda la vida, Dolores del Río, aceptó posar para lo que hoy conocemos como la estatuilla de los premios Oscar.

 

La propiedad más famosa del Indio es la fortaleza que contruyó en el centro de Coyoacán, en la Ciudad de México, y sirvió de locación para la película El Rapto, protagonizada por otros dos grandes del cine mexicano: María Félix y Jorge Negrete en 1953.

 

Después de varias disputas entre los familiares del Indio Fernández la casa sirve hoy como museo, sede de bazares, conciertos y en el Día de Muertos se llena de coloridas ofrendas y flores para recordar a quienes ya no están, famosos y no. En la cocina estilo mexicano, llena de ollas de barro, se preparan deliciosas creaciones para deleitar a los visitantes.

La fortaleza fue diseñada por el arquitecto Manuel Parra, la cimentación está hecha con piedra volcánica, al igual que los inmensos muros que la rodean. En la sala principal aún se encuentra uno de los pianos que pertenecieron al compositor más importante de México: Agustín Lara.

 

La sala, decorada con muebles rustícos, evoca aquellas noches de trova, en donde el Indio departía con sus amigos famosos: María Félix, Frida Kahlo (su vecina), Dolores del Río, Marilyn Monroe y El Che Guevara.

 

En la habitación del Indio hay un muro falso, el cual llevaba hacía un pequeño cuarto oculto, donde se escondió el político revolucionario León Trotski días antes de ser asesinado en su casa, también ubicada en el corazón de Coyoacán.

La habiación sigue tal y como la dejó el actor antes de morir en 1986, con sus pistolas, sus libros, su ropa y su cama intacta, pareciera que el tiempo se ha detenido en esa habitación y la piel de quien se atreve a entrar puede sentir la fuerte presencia del Indio.

El Indio era un hombre mujeriego, se enamoraba tan intensamente como podía, así lo hizo de la actriz Olivia de Havilland, a quien conoció en el rodaje de la película Lo que el viento se llevó.

El afamado director de cine quiso enamorar a Olivia de la manera más romántica: mándandole cartas de amor, las cuales eran traducidas y “entregadas” por el guinista Marcus Aurelius Goodrich, “amigo” de Fernández.

La historia no tuvo un final feliz para Fernández porque Goodrich hizo pasar por propias las cartas, conquistó a Olivia y se casó con ella en 1946.

 

El Indio tenía el corazón roto y aseguró que tendría toda la vida a Olivia a sus pies, y así fue: consiguió que el regente de la Ciudad de México en aquella época, Ernesto P.Uruchurtu, diera el nombramiento oficial a una de las calles que interceptan la fortaleza del Indio, justo la que daba a los pies de su cama, desde entonces dicha calle se llama “Dulce Olivia”.

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