Perfiles

Ivana Trump, del comunismo a la fama

Ivana Trump nació en Checoslovaquia. Apenas había pasado un año de la invasión soviética cuando llegó al mundo
Ivana Trump
Ivana falleció de una insuficiencia cardíaca el 14 de julio del 2022. Tenía 73 años. Foto: Getty.

Por: Alex Fuentes.

Ivana Trump nació en Checoslovaquia. Apenas había pasado un año de la invasión soviética cuando llegó al mundo, por eso toda su educación se dio en ese contexto.

¿Cómo es que una chica de un pequeño país comunista se convirtió en la esposa de uno de los jóvenes más ricos en Estados Unidos? ¿Cómo es que posteriormente escaló a los cargos más altos en varias de las empresas más prósperas de aquella nación? La historia es curiosa y fascinante.

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Checoslovaquia comunista, el origen de Ivana Trump

“Yo crecí en la Checoslovaquia comunista. La policía secreta nos observaba constantemente. Nos decían qué comer, dónde trabajar, cómo pensar. Vine a Los Estados Unidos a experimentar la libertad y las oportunidades”, dice Ivana en su libro Raising Trump. En él explica lo que tuvo que vivir para salir de un contexto de opresión.

Ivana nació en 1949 en Checoslovaquia, un año después de que la Unión Soviética invadiera este país. Sus padres fueron Milos Zelnicek y Marie Zelnickova, un ingeniero y una operadora telefónica respectivamente, en la ciudad de Zlín.

Esta ciudad se encuentra a unos 250 km de Praga. Ivana cuenta la anécdota sobre cómo decidieron sus padres su nombre en el contexto de la invasión. “Mi madre volteó hacia una amistosa mujer que estaba junto a ella en el hospital y le preguntó cuál sería el nombre de su hija; ella respondió “Ivana”, y así me llamaron. Mis padres despreciaban a los rusos, pero me dieron un nombre ruso. Quizá pensaban que me ayudaría con los soviéticos”.

Los abuelos de Ivana eran los dueños de la fábrica de zapatos Bata, el principal empleador en esa región de Checoslovaquia. Aunque creció bajo las estrictas reglas del comunismo, la vena emprendedora le venía de familia. En su niñez le parecía sorprendente que un granjero y un médico recibieran los mismos ingresos y tuvieran la misma calidad de vida. Lo que más le sorprendía es que ambos tenían prohibido mejorarla.

En su casa no había televisión; sólo tenían algunos libros y música que debían ser aprobados por los comunistas. “Yo sabía que los Estados Unidos existían porque el país aparecía en el mapa del mundo, pero no sabía nada acerca de la vida ahí. Todas las ideas occidentales, especialmente la cultura americana, estaban prohibidas”.

Ivana, debido a la estricta formación deportiva de los soviéticos se unió al equipo de esquí de Checoslovaquia. Esto le permitió salir de su país y ver cosas que no sabía que existían… como las fresas en febrero, en Austria. ¿Cómo era posible que la gente pudiera comer frutas frescas en invierno?, se preguntaba.

“Frutas y vegetales de todo tipo y colores, cosas que nunca había visto antes, carniceros con docenas de cortes de carne y gente de todo tipo yendo a comprar lo que quisieran y llevándolo a su casa.”

Cada vez que regresaba de un viaje la policía la interrogaba, siempre con las mismas preguntas: ¿Qué tipo de ropa viste la gente?, ¿qué comen?, ¿qué dicen? Ivana sostiene que trataba de ocultar sus sentimientos sobre lo que veía fuera de su país por miedo a que no la dejaran viajar de nuevo. Después de varios viajes se hizo amiga de los policías e incluso les llevaba souvenirs de los países que visitaba con el equipo de esquí. El deporte también la volvió una suerte de celebridad nacional.

En su juventud, Ivana se mudó a Praga para estudiar y esto coincidió con las reformas que comenzaron a flexibilizar la vida en Checoslovaquia. Este movimiento se conoció como la Primavera de Praga y nuevas ideas comenzaron a inundar el ambiente. Ahí fue donde comenzó su carrera en el modelaje y la actuación.

En 1968, mientras estaba en la universidad, los soviéticos volvieron a ejercer violencia en Praga para demostrar su poder. Los estudiantes se rebelaron y hubo una masacre. La ciudad se volvió una pesadilla. Su novio de entonces, George, también esquiador, tuvo una oportunidad de escapar porque su padre, arquitecto, estaba diseñando la embajada de Checoslovaquia en Londres.

Los padres del chico iban a escapar del régimen con su hijo, pero antes diseñó un plan para ella: que se casara con un esquiador austriaco, amigo de ambos, para que obtuviera la nacionalidad. Lo hizo en 1971, con su novio presente, antes de huir; y se divorció dos años después, cuando Ivana tenía los privilegios de una austriaca y el matrimonio falso ya no era necesario.

Ivana no salió de inmediato de Praga, por sus estudios. Conoció a un músico, del que se enamoró y con el que vivió un romance. Sin embargo, este murió en un accidente de tránsito y esa muerte la devastó emocionalmente y la hizo tomar la decisión de abandonar su país. Terminó su posgrado en educación física y se marchó a Viena.

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Desde Viena saltó a Toronto, con familiares que habían escapado del comunismo. Ahí comenzó a estudiar inglés y a acostumbrarse a la vida occidental. Retomó sus actividades en el modelaje y un día surgió la oportunidad de ser una de las modelos que promovería los Juegos Olímpicos de Montreal ’76. El trabajo debía hacerse en Nueva York.

Nueva York, confiesa en su libro, la dejó sorprendida porque hacía palidecer a cualquier lugar en el que hubiera estado antes. Mientras trabajaba ahí, un día fue a visitar un restaurante de moda. Mientras esperaba en la larga fila con sus amigas a que le asignaran mesa, un joven osado y con desparpajo le propuso ayudarle a conseguir lugar.. El joven se llamaba Donald Trump y se decía amigo del mánager.

Ivana, la madre de clan Trump

Ivana eventualmente se divorció de Donald Trump, pero cuando éste toma el rol del presidente número 45 de los Estados Unidos, fue centro de interés para los medios. Sus hijos, ya conocidos en los círculos de socialités, fueron prácticamente lanzados hacia la fama.

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En su libro, Ivana dice que ella se encargó sola de la crianza de sus hijos.

“Pienso que el crédito por criar a chicos tan buenos me pertenece. Estuve a cargo de su crianza desde antes de nuestro divorcio, y tuve la custodia después de que nos separamos. Yo tomé todas las decisiones sobre su educación, actividades, viajes, cuidados, e ingresos. Cuando terminaron la universidad, le dije a mi exmarido, ‘aquí está el producto terminado. Ahora es tu turno’”.

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Ivana falleció de una insuficiencia cardíaca el 14 de julio del 2022. Tenía 73 años.